martes, 30 de octubre de 2012
sábado, 29 de septiembre de 2012
caperucita roja
El primer recopilador en rescatar el cuento de Caperucita Roja fue Charles Perrault, que lo incluyó en su antología de historias populares en 1697. Al contrario de lo que sucede con otros cuentos tradicionales, como La Bella Durmiente o Hansel y Gretel, Caperucita Roja no era un cuento
muy extendido en Europa. Es más, se lo conocía en un ámbito bastante
cerrado, que iba desde el norte de los Alpes a la región de Loira. En
1812 los hermanos Grimm
reescribieron la historia, especialmente el final, y ésa es la versión
que se conoce hoy en día; una versión, dicho sea de paso, muy diferente
de la Caperucita Roja real.
No resulta asombroso que los hermanos Grimm hayan modificado el relato original, lo extraño es que para ello se hayan basado en una oscura obra de Ludwig Tieck llamada: Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja (Leben und Tod des kleinen Rotkäppchen); tragedia que incluye la presencia del leñador, ausente en el cuento popular.
Tal vez para no ahuyentar a los temerosos padres de inicios del siglo XIX, los hermanos Grimm eliminaron de cuajo todos los elementos eróticos del cuento y plantaron un final feliz, además de barrer con todo lo que no sostenga la pureza e inocencia de Caperucita. El resumen: el final del cuento en la versión de Jabob y Wilhelm Grimm se salvan absolutamente todos, salvo el lobo, claro; cuyas tripas son abiertas por el hábil leñador, devolviendo a la abuela a su rutina diaria.
No resulta asombroso que los hermanos Grimm hayan modificado el relato original, lo extraño es que para ello se hayan basado en una oscura obra de Ludwig Tieck llamada: Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja (Leben und Tod des kleinen Rotkäppchen); tragedia que incluye la presencia del leñador, ausente en el cuento popular.
Tal vez para no ahuyentar a los temerosos padres de inicios del siglo XIX, los hermanos Grimm eliminaron de cuajo todos los elementos eróticos del cuento y plantaron un final feliz, además de barrer con todo lo que no sostenga la pureza e inocencia de Caperucita. El resumen: el final del cuento en la versión de Jabob y Wilhelm Grimm se salvan absolutamente todos, salvo el lobo, claro; cuyas tripas son abiertas por el hábil leñador, devolviendo a la abuela a su rutina diaria.
Según la clasificación de Aarne-Thompson sobre cuentos folklóricos, Caperucita Roja entra en la categoría 333, esto es, cuentos que presentan un oponente sobrenatural. Es importante que borremos de nuestra mente la idea de que los cuentos populares servían como advertencia a los niños sobre los peligros del bosque, para eso bastaba una buena reprimenda. Los relatos folklóricos
tienen otra función, mucho más importante para los pueblos de lo que
los pueblos han sabido comprender. Según lo vemos hoy en día, el
protagonista de Caperucita Roja es, claramente, Caperucita Roja,
pero esto no es así. El error, si cabe llamarlo así, es a la
insistencia de Disney por lograr la empatía de los niños con la
historia. Escencialmente, Caperucita Roja
es un personaje importante, un disparador por el cual se sucede la
verdadera tragedia, pero de ningún modo es el único. Incluso hay
versiones muy antiguas en las que se la menciona de paso, como aquel cuento tradicional de Italia llamado La finta nona, es decir, La falsa abuela, en cuyo caso la joven Caperucita es un elemento casi decorativo.
Si tuviésemos acceso a alguna extravagante máquina del tiempo, y pudiésemos atestiguar de primera mano la narración de Caperucita Roja, oiríamos un cuento completamente diferente
al que conocemos. Allí, el lobo engulliría a la anciana, tal como hoy,
pero dejaría sobre la mesa un jugoso banquete hecho con la carne y la
sangre de la abuela, que la inocente Caperucita
devoraría vorazmente, acaso intuyendo su origen ilícito. Luego, vestido
con las ropas de la occisa, y tras de un diálogo con muchísimas
variantes, el lobo pasaría de degustar la carne temblorosa de Caperucita;
momento en el que un cazador, que oye los gritos desgarradores de la
joven, ingresa en la estancia, mata al lobo y le abre el estómado con un
cuchillo, devolviendo a la joven al mundo de los vivos.
Ahora bien, este morir y renacer de Caperucita Roja nos habla sobre algo muy antiguo en la raza humana: el rito de iniciación.
Caperucita en el bosque, en la casa y en el estómago del lobo, son símbolos de las tres fases de la iniciación a la adultez; por el cual una niña abandona su casa -madre, comunidad, civilización-, recorre un terreno salvaje -el bosque-, se enfrenta con lo más siniestro del corazón humano -canibalismo, antropofagia-, y derrota al peor de los enemigos en el vientre del lobo -la muerte-.
Caperucita en el bosque, en la casa y en el estómago del lobo, son símbolos de las tres fases de la iniciación a la adultez; por el cual una niña abandona su casa -madre, comunidad, civilización-, recorre un terreno salvaje -el bosque-, se enfrenta con lo más siniestro del corazón humano -canibalismo, antropofagia-, y derrota al peor de los enemigos en el vientre del lobo -la muerte-.
Pero además de señalar estos tópicos arquetípicos, Caperucita Roja también simboliza el despertar de la sexualidad.
Su vestimenta roja atestigua los inicios de la madurez sexual, y el
lobo, antropomorfizado para suavizar los efectos devastadores de este
tránsito, es, quizás, un símbolo del sexo salvaje, de la sexualidad en
estado primitivo, mientras que el cazador, en cambio, representa el sexo
dentro de la civilización, es decir, dentro de un matrimonio funcional a
la sociedad; cuyo fin último es procrear, y no la liberación ociosa de
los instintos.
Yendo aún más atrás, atravesando las oscuras mareas del tiempo, podríamos decir que el cuento de Caperucita Roja conserva, además, elementos del mito solar.
La abuela representa el ocaso, la luz moribunda del crepúsculo devorada
por la oscuridad de la noche -el lobo-, y la joven simboliza la luz del
alba, que emerge del vientre lobuno como el sol que desgarra los velos
de la noche. Mitológicamente hablando, el lobo sería nada menos que Skoll, aquel lobo descomunal de la tradición norsa, cuyo destino es devorar al sol en la batalla del Ragnarok, o bien Fenrir, ese lobo con fauces de hierro que cae en el apocalipsis bajo el martillo implacable de Thor.
blancanieves
Pues nada, la historia ya la conocemos, salvo por un pequeño
detalle incierto. A mí que me cuenten otra, que no me creo eso de que
la madrastra se molesta en transformarse, ir al bosque y engañar a la
pánfila de Blancanieves para que muerda la manzana sólo por razones de
belleza. La verdad oculta es que a oídos de la madrastra llegó noticia
de que la princesa estaba viva y preparaba una rebelión para tomar el
castillo y recuperar sus derechos sobre el reino. Y aquí la madrastra
trina, claro, y como sabe que no puede fiarse de nadie (buena le estuvo
con el leñador), pues decide hacer ella misma el trabajito. Y lo logra,
vaya que sí. Y aquí las lágrimas por el supuesto fallecimiento de
Blancanieves, y otro motivo más para reflexionar: pues no eran morbosos ni nada los enanitos, que deciden conservar el cuerpo muerto (eso creían) e
incorrupto (¿y esto último no le daría qué pensar? ¿o creían que la nena
era una santa?) de su amada joven en una urna de cristal ¿para siempre
jamás?.
Hale, dicho esto, pasemos al príncipe. No me quedó nunca claro si llegó al bosque atraído por las historias que oyó sobre una bellísima princesa muerta, o simplemente pasaba por allí y al verla le entraron unos deseos irreprimbles de besarla; en cualquier caso, el tipo no era muy normal, porque, a ver ¿no son ésos claros indicios de necrofilia? El que luego resultara estar viva y bajo los efectos de un hechizo (o de un flitro catatónico, vaya usted a saber), no invalida la motivación secreta del príncipe, en fin, que el joven, guapo sí era, pero normal normal yo diría que no.
En cualquier caso, el cuento termina con la madrastra muerta, Blancanieves viva en brazos del príncipe, y, suponemos, porque así sucedía en los tiempos inexistentes del mito, que unificados dos reinos.
¿Un final feliz? Pues no sé si feliz, pero sí conveniente. Siempre podemos buscarle otro.
¿Qué fue de los enanitos? ¿Alguien puede decírmelo? ¿Y el real padre desaparecido? ¿volvió de la guerra? y si fue así, ¿cómo se tomaría el nuevo estado de cosas? Preguntas para reflexionar seriamente, ¿verdad?
Hale, dicho esto, pasemos al príncipe. No me quedó nunca claro si llegó al bosque atraído por las historias que oyó sobre una bellísima princesa muerta, o simplemente pasaba por allí y al verla le entraron unos deseos irreprimbles de besarla; en cualquier caso, el tipo no era muy normal, porque, a ver ¿no son ésos claros indicios de necrofilia? El que luego resultara estar viva y bajo los efectos de un hechizo (o de un flitro catatónico, vaya usted a saber), no invalida la motivación secreta del príncipe, en fin, que el joven, guapo sí era, pero normal normal yo diría que no.
En cualquier caso, el cuento termina con la madrastra muerta, Blancanieves viva en brazos del príncipe, y, suponemos, porque así sucedía en los tiempos inexistentes del mito, que unificados dos reinos.
¿Un final feliz? Pues no sé si feliz, pero sí conveniente. Siempre podemos buscarle otro.
¿Qué fue de los enanitos? ¿Alguien puede decírmelo? ¿Y el real padre desaparecido? ¿volvió de la guerra? y si fue así, ¿cómo se tomaría el nuevo estado de cosas? Preguntas para reflexionar seriamente, ¿verdad?
la sirenita
aqui va la historia completa
En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.
La Sirenita, la más joven, además de ser la más poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus , y las medusas al oírla dejaban de flotar.
La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.
-¡Oh! ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!
-Todavía eres demasiado joven -respondió la abuela-. Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para subir a la superficie, como a tus hermanas.
La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín adornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.
Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor.
-¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres. Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!
Apenas su padre terminó de hablar, La Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de La Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida.
-¡Qué hermoso es todo! -exclamó feliz, dando palmadas.
Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba La Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. La Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. “¡Cómo me gustaría hablar con ellos!", pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: “¡Jamás seré como ellos!”
A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: “¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!” La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. La Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón.
La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. La Sirenita se dio cuenta en seguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.
-¡Cuidado! ¡El mar...! -en vano la Sirenita gritó y gritó.
Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. La Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe, lo tuvo en sus brazos.
El joven estaba inconsciente, mientras la Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, la Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo.
Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.
-¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito...! ¡Ha sido la tormenta...! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda...
La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.
-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.
La Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella, y no la otra, quien lo había salvado.
Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!
Cuando llegó a la mansión paterna, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre.
Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.
-¡...por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor.
-¡No me importa -respondió la Sirenita con lágrimas en los ojos- a condición de que pueda volver con él!
¡No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.
-¡Acepto! -dijo por último la Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.
Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.
-No temas -le dijo de repente-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes?
Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.
-Te llevaré al castillo y te curaré.
Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas. Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio.
Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.
Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de la Sirenita.
La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. La Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.
Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:
-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.
Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.
Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, la Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:
-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!
-¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?
-Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.
La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban:
-¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco. Por donde pasemos llevaremos socorros y consuelos, y cuando hayamos hecho el bien durante trescientos años, recibiremos un alma inmortal y podremos participar de la eterna felicidad de los hombres -le decían.
-¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron.
Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez.
Oyéronse de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo.
¿Se imaginan un final tan triste en la película animada?
cenicienta
Los hermanos Grimm recogieron
este cuento de labios de una aldeana alemana llamada Pastora (y muchos
otros tambien, de la misma Pastora). La escritura fijó una versión,
aunque la versión oral siguió su propio curso, por lo que hay tantas
versiones como narradores.
Todos recordareis como acaba el cuento de Disney no?
"Pero cuando cenicienta se puso el zapato y le encajo a la perfeccion...todos los presentes se quedaron de piedra!, -oooh!, es ella! la futura princesa! Inmediatamente la llevaron a palacio y a los pocos dias se casó con el príncipe, por lo que fue una princesa! Nunca más volvío con su madrastra, vivío feliz en palacio hasta el último de sus días."
Todos recordareis como acaba el cuento de Disney no?
"Pero cuando cenicienta se puso el zapato y le encajo a la perfeccion...todos los presentes se quedaron de piedra!, -oooh!, es ella! la futura princesa! Inmediatamente la llevaron a palacio y a los pocos dias se casó con el príncipe, por lo que fue una princesa! Nunca más volvío con su madrastra, vivío feliz en palacio hasta el último de sus días."
Y la versión alemana....
"Cuando la pareja nupcial entró a la iglesia, la hermana mayor caminaba a su lado derecho, y la menor a su lado izquierdo. Las palomas le sacaron un ojo a cada una de ellas. Más tarde, cuando la pareja salió de la iglesia, la mayor estaba al lado izquierdo, y la menor al derecho; entonces las palomas les picaron el otro ojo a cada una de ellas. Y así, por su maldad y falsía, las hermanastras fueron castigadas con la ceguera por el resto de sus vidas."
Otra parte llamativa de la versión alemana es cuando una de las hermanas va a probarse el zapato y no le entra...
"Cuando la pareja nupcial entró a la iglesia, la hermana mayor caminaba a su lado derecho, y la menor a su lado izquierdo. Las palomas le sacaron un ojo a cada una de ellas. Más tarde, cuando la pareja salió de la iglesia, la mayor estaba al lado izquierdo, y la menor al derecho; entonces las palomas les picaron el otro ojo a cada una de ellas. Y así, por su maldad y falsía, las hermanastras fueron castigadas con la ceguera por el resto de sus vidas."
Otra parte llamativa de la versión alemana es cuando una de las hermanas va a probarse el zapato y no le entra...
"Entonces la madre le dio el cuchillo y le dijo: corta un poco de tu talón, cuando seas reina ya no tendrás que caminar".La
chica se cortó un pedazo de talón, metió el pie al zapatito, se aguantó
el dolor, y salió con el príncipe. El la montó a la grupa del caballo
como si fuera su novia."
miércoles, 12 de septiembre de 2012
doraemon
Circularon toda clase de leyendas urbanas ante el inconcluso final y se
generaron fanfics como que Doraemon se queda sin batería y Nobita debe
elegir entre cambiarle las ‘pilas’ perdiendo toda su memoria o hacerse
un experto en robótica para salvarle. Elige lo segundo y lo consigue con
mucho esfuerzo y estudio en un futuro donde comieron perdices en el
espacio-tiempo. Pero fue la versión que se arraigó como leyenda urbana
la que se llevó los honores: ‘Doraemon es un sueño de Nobita’. No sólo
esto sino que en ese hipotético y nunca-jamás-emitido episodio vemos a
Nobita tal y como es en realidad: un niño con cáncer (existen versiones
con leucemia, autismo, sida, en silla de ruedas o en coma) que se
despierta de un sueño (o tal vez despierta del coma). Ese sueño eran
todos los capítulos que hemos visto hasta ahora y todas sus aventuras
con Doraemon, todos sus amigos, su historia de ‘amor’ con Shizuka…
Todo, todo y todo era un sueño de un pobre niño sin amigos, impedido por
su enfermedad. Se buscó también otra leyenda urbana muy similar para
“Supercampeones” con Oliver postrado en una silla de ruedas e imaginando
y soñando toda la serie.
los super campeones
Este final solo fue emitido una vez al aire y no se volvió a repetir debido a que era muy fuerte.
Se dice, que en este último capítulo Oliver Atom juega en la final Japón vs Brasil.
Ya casi al final, Oliver patea el balón y la pantalla se pone en blanco.
El blanco de la pantalla se desvanece y se nos muestra a Oliver de niño en un hospital.
Según se cuenta, Oliver es mostrado acostado en una camilla y despierta contento contándole a su mamá que ha soñado que ganaba la copa del Mundo.
Su mamá lo abraza y en esa toma se puede ver que Oliver no tiene piernas.
Recordemos que en el primer capítulo de la serie, Oliver se salva de ser atropellado por un camión, debido a que el balón (su mejor amigo) lo salva. (Este capítulo se tituló “Un gran sueño”).
Al final de cuentas, el balón le salvó la vida pero no las piernas. Todo fue un sueño.
Se dice, que en este último capítulo Oliver Atom juega en la final Japón vs Brasil.
Ya casi al final, Oliver patea el balón y la pantalla se pone en blanco.
El blanco de la pantalla se desvanece y se nos muestra a Oliver de niño en un hospital.
Según se cuenta, Oliver es mostrado acostado en una camilla y despierta contento contándole a su mamá que ha soñado que ganaba la copa del Mundo.
Su mamá lo abraza y en esa toma se puede ver que Oliver no tiene piernas.
Recordemos que en el primer capítulo de la serie, Oliver se salva de ser atropellado por un camión, debido a que el balón (su mejor amigo) lo salva. (Este capítulo se tituló “Un gran sueño”).
Al final de cuentas, el balón le salvó la vida pero no las piernas. Todo fue un sueño.
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